
(III) Escuela, tarea y a entrenarPEDRO DIAZ G./Enviado/III y último
MONTERREY, 27 de agosto.- "A mis compañeros les gusta más el
futbol. Y sí, se les hace raro que yo prefiera estar en los campos de beis, pero
ya ven, ahora que volvimos, las güerquillas, sí, las señoritas de la escuela y las
vecinas no nos dejan en paz".
A su regreso a clases, en la secundaria técnica 27, en La Purísima, René
Hinojosa fue aclamado en su salón y en la escuela toda. Los abrazos de las
chiquillas fueron tantos que le aturdieron.
-Me querían arrancar hasta mechones de pelo. ¿Pus 'onde crees?
A pesar de que es el futbol el deporte más requerido por los pequeños, las
ligas de beisbol funcionan y, más que eso, se convierten de pronto en
placentera, pasional y agradable extensión del hogar.
-Sí, porque cuando llegas primero no sabes nada -dice Javier de Isla,
lanzador y jardinero-. Agarras un bat y andas queriendo pegarle a todo:
juegas a aventar pedazos de papel, envolturas de papas y le intentas, dale y
dale hasta que te sale. De más pequeñito te la pasas corriendo en los pasillos
en vez de meterte al campo. Yo tuve que aguantar mucha carrilla, muchas
bromas de mis compañeros desde que me conocieron. Al principio me
cargaban la mano, pero ahora ya es distinto. Hasta me quería salir pero
después todo cambió; llegando de la escuela me apuro a hacer mis tareas,
como y a la Liga, a entrenar.
Viven los nuevos campeones las consecuencias de esos 27 juegos que los
llevaron, después de terminar su temporada regular, rumbo a Williamsport y
al Campeonato Mundial de Ligas Pequeñas.
No saben cómo digerir tanta alabanza, tanta entrega y de pronto se fastidian
porque deben estar muy bien portaditos ante reporteros y programas de
televisión y lo suyo todos los sabemos es la convivencia, el relajo.
Pero juegan en sus ratos libres.
Y recuerdan las tardes de fascinación en sus campos; el esfuerzo de sus
padres por, primero, inscribirlos; después, tras cada triunfo, como premio a la
entrega buscarán la manera para seguir adelante reuniendo fondos para las
giras.
-Son muchos los gastos -dice Omar Ríos, administrador del equipo y padre
de un pequeño campeón del mismo nombre-, pero valen la pena. Al principio
viajábamos los 18 del equipo y alguno que otro padre; pero conforme los
resultados fueron llegando se organizaron aquí y unos días antes partieron
hacia Pennsylvania otros tantos: unos por avión, pero muchos se la aventaron
en auto, hasta allá. Eran 26 los familiares que nos apoyaban desde las
tribunas. ¿Te imaginas? ¡Entraron como 30 mil!
Los cuentos de hadas no son eternos.
Angel Macías fue el mejor pitcher que haya conocido liga infantil alguna. De
extraordinario, controlado, preciso, fuerte y contundente lo califican sus ex
compañeros, aquellos campeones del juego perfecto en 1957 que repetirían
su triunfo un año más tarde ya con Héctor "La Malita" Torres.
¿Qué sucedió después?
Varios siguieron como beisbolistas. A otros la vida les alcanzó y debieron
pronto salir a trabajar.
Crecieron los Pequeños Gigantes pero no todos pudieron aprovechar las
becas que se ganaron a fuerza de hits, outs y batazos por todo el parque.
-Un día -cuenta José Maiz-, cuando Angel terminó con su carrera en el
beisbol profesional, se acercó a mí y me dijo:
"Oye, mano, ya me voy a retirar pero no sé qué voy a hacer. Nunca aprendí
más que a jugar".
Lo hizo de 1966 a 1974; disfrutó de varios títulos, inclusive representó a
México en la Serie del Caribe en 1971 con los Naranjeros de Hermosillo.
Jugó para Tomateros de Culiacán entre 1966 y 1970, y participó en dos
gallardetes que recuerda con gran satifacción.
Dio la solución Maiz y Angel, ya grande, la comprendió: se metió a terminar
sus estudios, por las noches. En 1974 se tituló en Administración de
Empresas y ahora trabaja para los Rieleros de Aguascalientes.
-No. No a todos nos fue bien. A Norberto "Verdugo" Villareal las cosas
nunca le resultaron: realizó varios negocios en su vida, pero ninguno prosperó.
Hace unos meses José Maiz fue a visitarlo a un hospital, en donde convalecía.
-Dicharachero, como siempre. Hombre de buen humor, al verme me dijo:
'qué te parece, me tienen aquí agonizando y todavía a la enfermera se le
ocurre traerme la cuenta. ¡Me voy a morir!'
Prometió Maiz a su ex compañero de cuarto en aquella aventura de
Williamsport que regresaría unos días más tarde.
Lo hizo.
-Señorita, vengo a buscar a Norberto Villareal. ¿A qué cuarto lo llevaron?
-preguntó a la enfermera.
-Discúlpeme, pero el señor Villareal se peló.
-¡¿Qué!?
-Sí, se peló: se fue sin pagar la cuenta. Se desconectó de los aparatos y echó
a correr. El doctor al verlo sólo dijo déjenlo.
De la risa amplia pasará Maiz a la nostalgia:
-Murió apenas hace tres semanas.
La noche del viernes pasado en el pequeño auditorio de Williamsport, Juan
Angel Valadez y Jaime Luna, coaches del equipo, definieron la estrategia
emocional: sesión de cine.
Era el momento de preparar a los niños para la cita consigo mismos. Un sólo
partido y la historia se repetiría envuelta en sortilegios -que lo mismo llevan a
estos pequeños a la más maravillosa fantasía o paradójicamente les cortan los
anhelos: hace unas semanas tres pequeños que se dirigían de Mexicali a
Nuevo Laredo, al campeonato nacional infantil, murieron en un accidente
automovilístico-; un sólo partido y el festejo que se viviría por duplicado. Uno
sólo. Uno más.
Vieron los Vaqueros de Guadalupe Lindavista "Los Pequeños Gigantes,"
drama puro que cuenta aquella, la primera hazaña de cuando las hadas juegan
al beisbol.
-Claro que nos ayudó -dice Juan de Dios Garza-. Está muy bonita esa
película. A mí se me salieron las lágrimas, pero me dí cuenta de que era la
misma historia, de que nosotros podíamos también lograrlo. Todos esa noche
nos fuimos a dormir pensando en el campeonato.
La pizarra, horas más tardes, indicaría: México 5, Estados Unidos 4.
El abrazo entre ellos mismos fue el inicio de una fiesta que no acaba. Que
quizá no acabe jamás.
El 23 de agosto será fecha para recordar en el beisbol infantil. Unos, los
primeros, disfrutan de cómo las coincidencias se fueron dando cuarenta años
después.
Los otros, los pequeñitos, tratan de aprehender cada uno de estos momentos
en los que el país entero les rinde homenaje; el presidente los recibe este
sábado.
Becas. Eso piden las madres. Que no se olviden de las becas.
Mientras tanto, ha sido, ésta, semana de asueto escolar para los nuevos,
Pequeños Grandes Campeones, pues de nada sirvió la desmañada de ayer a
René Hinojosa que, al mediodía atrevió:
-Maestro -dijo-, ¿me puedo regresar a casa? Tengo sueño.
-Ve, hijo, ve. Descansa. Ha sido larga la aventura.
Disfrútenla.
Y que nunca acabe la fantasía.
-Sí, todo esto es muy bonito -confiesa Juan de Dios Garza y sus pequeños
ojos se cierran aún más, también por el cansancio-. Pero, ¿sabes qué es lo
que más deseo? Que el ampayer diga ¡playball! y que comience ya un nuevo
partido.

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