(I) "Un capricho del destino"PEDRO DIAZ G./Enviado /I
MONTERREY, 25 de agosto.- A César L. Faz, de niño, le llamaba la
atención el beisbol. Pero soñaba con ser, "según mi estado de ánimo",
sacerdote, vaquero, o rico.
-Y en ocasiones todo al mismo tiempo.
No.
La vida le tenía deparada una historia que ha girado alrededor del diamante y
muchos niños que portan bats, visten uniformes y se entregan en cada
lanzamiento, en cada out, en cada carrera que va a parar a la memoria de las
estadísticas.
Sería el manager de aquel milagro que tuvo su punto culminante la tarde del
23 de agosto de 1957, en Williamsport, cuando un grupo de pequeños se
convirtió ante la sorpresa colectiva, en campeón mundial de ligas pequeñas.
-Esto siempre me había parecido un cuento de hadas; pero hoy, viviéndolo
por segunda vez, pienso que es de verdad un capricho del destino.
Exactamente cuatro décadas después, es Jaime Luna el manager que, junto
con el equipo Guadalupe Linda Vista, sorprende al mundo del beisbol infantil.
Han ganado el campeonato en Pennsylvania los nuevos campeones, unos
minutos antes de que iniciara, en Monterrey, la cena para celebrar 40 años de
la tarde de ensueño.
Observa Faz lo que ellos han logrado y recuerda aquellos días de aventuras
por los campos de beisbol más allá de la frontera.
Después del triunfo los llevarían a visitar al presidente de los Estados Unidos.
Le dijo Dwigth Eissenhower:
-Buenos días, señor Faz, es un placer conocerlo. Es usted un gran manager.
-Gracias, señor presidente, no soy tan bueno. Lo que sucede es que tengo un
gran equipo.
-Es la misma cosa, señor Faz. Usted tiene un gran equipo porque es un gran
manager. Acéptelo, usted ha hecho algo muy grande para su Patria, México...
Un suspiro se

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