
(II) "Sólo salíamos a jugar..."
PEDRO DIAZ G./Enviado/II
MONTERREY, 26 de agosto.- "Nosotros para ser honestos creíamos
que, cuando mucho, íbamos a llegar a Maracaibo".
Es Jaime Luna, manager, rodeado de los pequeños traviesos que ganaron el
torneo 1997 de Williamsport.
Los campeones gritan ¡siiiií! cuando don Ricardo Contreras les pregunta qué
tal unas hamburguesas. En esta casa, en donde se les hace un espontáneo
homenaje, el beisbol se vivirá entonces al ritmo de aquel que destape más
rápido sus sobres de estampas o quien reparta, como Alejandro Robles, el
Dandy, más autógrafos a este grupo de vecinas adolescentes que ya les ven
con admiración.
Maracaibo. Se disputaría en Venezuela el pase a la final. Esa era la meta del
Guadalupe Linda Vista. Ya habían ganado los juegos zonales, los de área, los
estatales y la ciudad de México les esperaba para el nacional. Dos equipos en
cada fase eran los que avanzaban, hasta ahora. Uno sólo ganaría el viaje a
Venezuela.
-En ese momento una confusión, porque la sede nacional fue en la Liga
Olmeca, en México. Y en el programa de ligas pequeñas la sede debe
garantizar los gastos para la siguiente fase, en este caso el latino. Y parece ser
que ellos estaban muy seguros de ganar. Y habían preparado todo: boletos y
todo pero para ellos, para la Olmeca. A la hora de la hora resulta que
Guadalupe Linda Vista gana el campeonato. Había que hacer cambio de
boletos, en día y número, por lo que había un cargo extra. No había dinero y
nada se solucionaba. Un directivo nuestro fue a México y resolvió el
problema.
-¡Y qué bueno! -dice Gabriel Alvarez, jugador de carácter, enojón, con
explosión de emociones a la hora de jugar- porque ya estando allá vivimos
diferente los partidos. Tanta gente, tantos gritos en contra. Yo les decía a mis
compañeros: no los escuchen, juguemos como sabemos. Acuérdense que
somos mucha pieza...
Maracaibo: los niños nunca habían jugado con presencia de unas 10 mil
personas, en el parque. Y fuera de casa, ante el equipo anfitrión, o sea, todo
en contra.
-Ustedes lo notan: les dan a los niños un micrófono -dice el manager- y no
pueden ni hablar, porque no están acostumbrados a esto. En ese juego
inaugural les sucedió igual; están acostumbrados a sus parques, o a los del
estado. Pero en el extranjero y con tanto público en contra. Y eso fue lo
importante: que pudieron tener el carácter para ganar en Venezuela.
Y ya. A la final. A Estados Unidos.
"En Williamsport -dice Ricardo García, tercera base- todo es muy bonito. La
organización, los campos, todo. Cuando estábamos allá la disciplina era muy
dura. Si hay que desplazarse, todos acomodaditos en el autobús y sin echar
mucho relajo. A los managers los llevan en un carrito especial por todo el
campo. ¡Y qué instalaciones!
Everardo Ordóñez es niño tranquilo. Inocente. Lo suyo son los juegos de
mesa, como el ping pong. A sus once años, sin embargo, ya es campeón
nacional -dos ocasiones-, latinoamericano y ahora mundial.
-¿Lo que más recuerdo? Que siempre me quise meter a la alberca -dice y ríe
él, ríen sus compañeros.
No. El deporte lo impide: "Nadar es muy cansado y por lo mismo no se lo
permitimos. Había que pensar en el equipo", comenta otro de los coaches,
José Angel Vala Valadez, con 14 años dirigiendo en la Liga Pequeña.
La historia comienza en 1956, cuando nació en Monterrey la Liga Pequeña
Industrial.
El de la idea fue Harold Lucky Haskins. Al principio la intensión era reunirse a
jugar, simplemente. Un año después la liga se afilió al programa de
Williamsport. Existía además de la Pequeña Industrial, sólo tres ligas más en
el país: la Maya, la Olmeca y la Azteca.
De cuando las hadas juegan al beisbol

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